Con Payró en Pago Chico

Cada tanto me doy una vuelta por Pago Chico del brazo de Payró, Roberto J. para quien no lo conoce. Me encanta escuchar sus historias a medida que recorremos las calles y lugares del pueblo aspirante a ciudad, “a media siesta, con un calor de calera que hubiese pulverizado las estatuas de mármol de haberlas en Pago Chico, bajo el soplo lento y sofocante del norte”, como dice él risueñamente. El viento norte, si lo conoceré, no en vano viví cuarenta años en ese terruño. Y cuando sopla fuerte, el polvo que todo lo cubre no deja ver ni siquiera las alimañas que pululan entre los salitrales. Luego cruzamos la extensa plaza, aún sin árboles, sólo yuyales en la inhóspita tierra reseca y algunos cuervos revoloteando sobre nuestras cabezas. Allí nos encontramos con su amigo el boticario Silvestre que me dice – “Te darás cuenta de lo que es este pueblo al saber que no tiene más de una plaza cuando debería tener cuatro, como consta en el plano primitivo…” ¿ Y qué pasó? pregunto intrigada – Las otras se vendieron en un remate de ñangapichanga, con el pretexto de que no eran necesarias y había urgencia de arbitrar recursos para la Municipalidad. ¡Mentira! Era  para atrapárselas.”

Seguimos caminando y llegamos a La Tribuna, el diario que fundó Payró hace dos años con todo el idealismo, y ojo crítico, de sus 22 años. La zona se encuentra en pleno desarrollo, y estamos en 1890. El aumento de inmigrantes, la agricultura y ganadería, el incremento de la actividad portuaria, los transportes y comunicaciones, todo indica un futuro promisorio.  Recorro las páginas del diario y veo como Payró, adhiriéndose a esta corriente progresista, no sólo enseña y estimula con sus artículos a los pobladores con temas que les ayudan a convivir con dignidad, como trabajo, forestación, salud y educación, sino que también denuncia todo tipo de corrupción, robo y abuso de poder que protagonizan la justicia, la policía y la administración pública. Cuando me detengo en uno de estos artículos Payró comenta –“Son ramas de un mismo tronco. Ligadas estrechamente hacen vida en común… Son cooperadores, encubridores o cómplices de sí mismos, según el caso. Cuando se apalea o se maltrata a algún enemigo de la autoridad, inútil es buscar la persona que lo hizo: siempre es alguna mano traidora y desconocida, o un grupo de emponchados irresponsables.”

Nos vamos al café de la Cármine donde compartimos una mesa con otro amigo, el doctor Pérez y Cueto. Allí me entero que, por supuesto, Payró también tiene sus enemigos. Los pagochiquenses*, sólo unos pocos miles en total, tienen el privilegio de contar con dos periódicos y dos diarios, La Tribuna El Porteño.  Con el director de este último, Payró tuvo buenas relaciones incluso publicaba artículos en sus páginas, pero ahora se odian a muerte debido a discrepancias políticas.  La Tribuna se convirtió entonces en diario opositor. “Y cuanto más tiene el diario oficial, menos alcanza al diario opositor “- dice Payró con tristeza aludiendo a la campaña que El Porteño y todo sus seguidores le están haciendo para hundirlo. La atmósfera en el café es asfixiante, por la temperatura y por el zoológico allí reunido. En otras mesas se encuentran hablando a los gritos el escribano Ferreyro, el intendente municipal Domingo Luna y el comisario Barraba rodeados de incondicionales que aprueban y aplauden con entusiasmo sus comentarios. “¡Hay que sitiarlo por hambre! “- justo dice Ferreyro,  pero al entrar nosotros se hace un profundo silencio. Y la campaña se lleva a cabo con todo éxito.  Los comercios están dejando de poner avisos en La Tribuna, su venta está disminuyendo notablemente y tampoco se le están encargando trabajos de imprenta. Su bancarrota está próxima. “No había más que seguir apretando el torniquete y aumentar el ya crecido número de los confabulados contra el periodista.”

*Pagochiquenses – se refiere a los habitantes de Bahía Blanca-Argentina, ciudad que 120 años después con casi 300.000 habitantes cuenta con un sólo diario, La Nueva Provincia, que  es fascista y monopoliza la ciudad.

*En base al libro Cuentos de Pago Chico, de Roberto J. Payró -Ediciones Nuevo Siglo 1995. Título original: Pago Chico,1908.

Raquel Partnoy, enero de 2010

 

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