Escuchando a Poniatowska

elenponiat

 

Siempre pensé que las personas realmente valiosas son humildes en su manera de ser. Pude confirmarlo cuando conocí hace unos años a la extraordinaria escritora Elena Poniatowska en un evento que compartimos en una universidad. Quedé fascinada por su sencillez, su sonrisa.

En un descanso de nuestras actividades buscamos un lugar verde y tranquilo, que no faltan en Florida, para platicar como dicen en México ciudad a la cual llegó cuando tenía 10 años con su madre y hermana desde París, su ciudad natal.

En nuestra charla pronto nos encontramos rememorando crueles acontecimientos vividos por nuestros países Argentina y México, en la manera en que nos hallamos ambas abocadas a usar nuestras herramientas, ella su magnífica pluma, yo mis pinceles, como armas de lucha contra la injusticia humana. Le hablé de las series de pinturas relacionadas con mis vivencias, y la de todo mi país, durante lo siete años de dictadura militar, le conté que antes de este cruel tiempo pintaba paisajes pero que desde 1976, y de a poco, fueron apareciendo personajes en ellos para contar la historia. Luego, ella comenzó a hablar de su México sangriento, de cómo a través de los personajes que crea en sus novelas también retrata los aspectos más terribles e inhumanos de la gente que gobierna su país.

Y Elena, en la voz de Maya*, un personaje/coraje suyo que se enfrenta a uno de esos gobernantes, dice que ahora le toca hablar a ella, que de ellos está hasta la coronilla de escucharlos. Pura mentira, pura demagogia. Que ellos son los encubridores, los autores de la corrupción estructural de ese pobre país. Que sobornan, falsifican, humillan, tuercen las leyes, silencian, ocultan, matan. Ese panorama se amplía cuando su compañero Ashby*, de la alta burguesía mexicana que sólo conoce la miseria humana al ser internado en un hospital público después de un grave accidente, ve en un periódico el titular CARNICERIA y al leer la nota piensa que la policía, después de dos horas y media de balazos, habrá dejado a los muertos como coladeras.

Seguimos charlando, expresando lo que sentimos ante hechos tan tremendos. Luego, al despedirnos, ella se llevó una pequeña pintura mía, yo me quedé con el maravilloso regalo de su voz esclarecedora.

Hoy, ante la horrenda masacre de 43 estudiantes perpetrada por la policía en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, las palabras de Elena Poniatowska se acrecientan en mi memoria con la fuerza que sólo la lucha y el grito contra la injusticia pueden dar.

Raquel Partnoy – Noviembre,2014

* Maya y Ashby son los dos personajes centrales del libro Paseo de la Reforma de Elena Poniatowska

 

 

 

 

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