Los Silencios de mi Madre

Río Dnieper - Ukrania

Río Dniéper - Ukrania

Es notable cómo a veces nos separa de la gente el lenguaje más que la distancia y el tiempo. Adicta a la lectura desde muy joven devoraba obras, en especial de autores clásicos, escritas o traducidas al español.  Por supuesto que en aquel entonces no sabía que podían existir traducciones no tan buenas en ediciones económicas como las que solía comprar, pero igual las disfrutaba. Con el tiempo se editarían en Argentina, y también se importarían desde España, buenas ediciones de autores famosos que comenzaron a integrar los estantes de nuestra biblioteca familiar.

Mi idioma es el español, pero siendo hija de inmigrantes ruso-judíos fui absorviendo el idish desde muy pequeña y aunque no lo hablaba lo entendía perfectamente. Luego me fui dando cuenta de que en la charla cotidiana de mis padres estaban integradas muchas palabras en ruso. Aunque ellos  dominaban ese idioma perfectamente ya que  habían emigrado de su país cuando eran adolescentes, no lo hablaban porque guardaban muy malos recuerdos de Rusia, país del cual tuvieron que escapar debido a la discriminación y persecución del Zar en contra de la población judía.

Mi madre era buena narradora y aunque nos contaba sus vivencias en su lugar natal, siempre se refería a los buenos momentos vividos con sus numerosos hermanos cerca del Dnieper, el río cercano. Sin duda nunca quiso remover sus malas memorias, lo que dejó un espacio incompleto en mi conocimiento sobre su pasado.

Transcurrieron años hasta que pude entender el horror padecido por mis padres y comprender el silencio de mi madre en sus relatos al evitar contarnos episodios vividos durante los años de persecución en Rusia. Ello motivó que su padre y un hermano de él decidieran malvender todo lo que poseían y emigrar con sus respectivas esposas e hijos, veinticuatro personas en total.

El panorama de esa época se fue aclarando en mi mente con la lectura de autores ruso-judíos que padecieron la época del Zar y luego, con la revolución bolchevique, el Stalinismo.  Claro que no pude leer los originales como hubiera deseado por mi desconocimiento del idioma ruso, pero pienso que las editoriales tienen en la actualidad mayor preocupación  por editar buenas traducciones. Por otra parte, la llegada de Internet permitió que mis conocimientos relacionados con esa horrenda parte de la historia de la humanidad se ampliaran con lo cual  pude comprender los silencios de mi madre.

Raquel Partnoy, julio 2009



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