Los tiernos verdes

Parque Independencia – Rosario – Argentina 


Silencio y verdes me rodean en las horas calientes de verano en Rosario. Verdes que son míos porque habitan mi mundo mágico de formas y texturas. Nadie los ve, sólo mi fantasía y ensueño los descubre. Descalza, con mi solera de tobralco floreado, tirada sobre los frescos mosaicos de granito marmolado, veo en sus millones de trocitos todo un espectro de colores y formas que me fascinan, acá un animal, más allá siluetas, rostros de personas y ojos, ojos por todos lados. Pienso en voz bajita: a mi amiga Zaza también le encantaría descubrir cosas, le voy a pedir que venga pero, claro, a ella no la dejan salir a la hora de la siesta.

Mi madre me llama, es la hora de llover las plantas y yo vuelo con mis alas verdes a entremezclarme con la inmensidad de verdes que inunda el patio. Bajo la galería, el extendido helecho pluma cubre la pared dejando apenas ver una pequeña pintura al óleo con una hilera de cipreses todos iguales, es aburrido nomegusta – pienso cuando la miro, y sigo  con mi baldecito salpicando las alargadas y moteadas hojas de la begonia donde las gotas de agua que en ellas quedan depositadas se transforman en perlitas transparentes cuando un rayo de sol las ilumina. Y en la parte de piso de cemento el gran macetón de helecho serrucho y el que tiene frutitos rojos y la hortensia con sus hojas dentadas en los bordes y los maceteros rebosantes de verdes y texturas diversas que me intrigan. Arriba, el verde de las parras sólo interrumpido por el lila de las glicinas y el violeta de los racimos apretados de uva chinche. Y alto, muy alto, los grandes abanicos de la palmera se pierden en el cielo.

El día es largo, aún no voy a la escuela, tiempo para inventar juegos y también dibujar en la pared exterior de la cocina pintada de verde. Con tiza blanca dibujo y dibujo para luego borrar todo con un trapo húmedo. Suena el timbre, corro, es mi amiga Zaza que viene a buscarme. Con su mamá iremos al parque cercano. Allí veremos las palomas en el inmenso palomar, remaremos un bote en el lago artificial, subiremos la montañita, para luego recorrer el rosedal y meternos en el pequeño zoológico cercano donde siempre nos reímos tanto de las payasadas de los monos. Vamos a ir a todos los juegos, correremos hasta el cansancio para tendernos después bajo la sombra de los árboles y jugar con las piedritas de raras formas y matices que encontremos en el camino.

Raquel Partnoy – Junio de 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

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